La promesa de un “renacimiento industrial” en suelo estadounidense ha recibido un golpe de realidad.
Tras meses de optimismo impulsado por la administración Trump -quien incluso ha barajado que el Estado tome una participación directa en la compañía-, Intel Corp. sufrió el pasado viernes un desplome bursátil que ha encendido las alarmas en Washington y Wall Street.
Las cifras del derrumbe de Intel
Pese a que el CEO, Lip-Bu Tan, había logrado estabilizar la narrativa de la empresa el año pasado, los resultados del cuarto trimestre de 2025 y las proyecciones para el inicio de 2026 fueron “un balde de agua fría”:
- Pérdidas netas: la firma reportó pérdidas por US$ 333 millones en los últimos tres meses del ejercicio fiscal.
- Caída en bolsa: los papeles de Intel (INTC) llegaron a retroceder más de un 14% en las operaciones previas a la apertura, cerrando una de sus peores semanas desde 2024.
- El factor retraso: el ambicioso proyecto de la megafábrica en Ohio, pieza central de la estrategia nacional, ahora apunta a 2030 para estar plenamente operativo, un horizonte que parece demasiado lejano para los inversores.
¿Un rescate político en riesgo?

Para la administración Trump, Intel no es solo una empresa; es un símbolo de seguridad nacional.
El respaldo gubernamental ha incluido desde la flexibilización de regulaciones hasta la propuesta de inyecciones masivas de capital a través de la Ley de Chips.
“Esto convierte las fábricas de Intel en un activo estratégico para el ejército estadounidense, y cuenta con el pleno respaldo del gobierno estadounidense”, explicó Gus Richard, analista de Northland Securities.
“Intel necesita aprovechar sus contactos con el gobierno estadounidense y su negocio de fundición en la base industrial militar estadounidense para ampliar sus relaciones comerciales”, añadió en Bloomberg.
Sin embargo, el mercado empieza a cuestionar si el apoyo político es suficiente para compensar las deficiencias técnicas frente a competidores como la taiwanesa TSMC o la estadounidense Nvidia.
“No se puede legislar la innovación”, comentó un analista de Bloomberg Intelligence.
“El gobierno puede poner el dinero, pero Intel debe demostrar que puede fabricar los chips del futuro hoy, no en cuatro años”, agregó.
Mientras el discurso oficial habla de independencia frente a China, el desplome de esta semana sugiere que el camino hacia la soberanía tecnológica está lleno de grietas financieras que ni siquiera el respaldo de la Casa Blanca pueden ocultar.
