Si hace cinco años preguntabas quién lideraría la revolución de la inteligencia artificial, la respuesta unánime habría sido Google.
No solo tenían los laboratorios de investigación más prestigiosos (DeepMind y Google Brain), también un acceso a datos sin rival y el talento técnico.
De hecho, fueron investigadores de Google quienes publicaron en 2017 el paper que introdujo los “transformers”, la arquitectura fundamental que hace posible a GPT-4, Claude y, bueno, a su propio Gemini.
Sin embargo, en la percepción pública y en la velocidad de ejecución, 2023 y 2024 han sido los años de OpenAI y Microsoft. ¿Cómo es que el dueño de la pelota terminó perdiendo el partido?
Un extenso reportaje de The Verge explica que Google fue “víctima” de su propio éxito, sufriendo el clásico “dilema del innovador”.
El miedo a romper la máquina de hacer dinero
El problema central no fue la falta de tecnología, sino la aversión al riesgo.
A diferencia de una startup como OpenAI, que no tenía nada que perder lanzando un chatbot experimental, Google tiene un negocio de búsquedas que no solo es la columna vertebral de Internet, sino además de sus ingresos.
Integrar una IA generativa que es propensa a “alucinar” (inventar datos) directamente en la barra de búsqueda más confiable del mundo era, y sigue siendo, un riesgo aterrador para la compañía.
Esta precaución paralizó a Google, mientras competidores más ágiles lanzaban productos imperfectos pero revolucionarios que capturaron la imaginación del público.
Caos interno y reacción tardía

The Verge también destaca la confusión interna. Cuando ChatGPT obligó a Google a declarar un “código rojo”, la respuesta fue caótica.
Hemos visto un desfile de nombres -Bard, Duet, PaLM y ahora Gemini- que reflejan una falta de visión unificada sobre cómo empaquetar y vender esta tecnología.
Los lanzamientos se sintieron reactivos, apresurados para demostrar que “ellos también podían hacerlo”, en lugar de ser productos pulidos que sentaran las bases y definieran el mercado.
Ahora, Google está tratando de compensar el tiempo perdido inyectando IA en cada rincón de su imperio: en Gmail para escribir correos, en Docs para resumir textos y en el corazón de Android.
Tienen la escala para ganar a largo plazo, pero el análisis deja claro que el aura de liderazgo indiscutible se ha roto.
Google ya no está marcando el ritmo de la innovación; está corriendo desesperadamente para no quedarse atrás en la carrera que ellos mismos inventaron.
