La revolución silenciosa (y NSFW): cómo la inteligencia artificial está jubilando a la industria del porno tradicional

Un reporte de The Economist analiza el sismo que sacude al entretenimiento para adultos a finales de 2025. La promesa de contenido infinito, barato y sin humanos reales amenaza con derrumbar el modelo de negocio de los estudios clásicos e incluso la “gig economy” de plataformas como OnlyFans.

La revolución silenciosa (y NSFW): cómo la inteligencia artificial está jubilando a la industria del porno tradicional
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A fines de 2025, la industria del entretenimiento para adultos -históricamente la primera en adoptar tecnología, desde el VHS hasta el streaming en 4K y la realidad virtual- enfrenta su mayor disrupción desde la invención de la cámara de video.

Un reciente y extenso análisis de The Economist pone el dedo en la llaga de una realidad incómoda pero inevitable: el porno ya no necesita necesariamente a gente de carne y hueso.

La IA generativa ha pasado de ser una curiosidad de nicho a una fuerza industrial que está “jubilando” los métodos de producción tradicionales.

La economía del pixel vs. la piel

La premisa detrás de este cambio tectónico es brutalmente simple: economía y escala.

Producir una escena tradicional requiere logística humana: actores, directores, iluminación, locaciones, contratos, pruebas de salud y lidiar con los límites del consentimiento y el cansancio físico.

La IA generativa, impulsada por las GPUs de última generación que hoy abundan, reduce estos costos de producción a prácticamente cero.

Según The Economist, ya no hay horarios, ni jet lag, ni “no quiero hacer esa escena”. Los nuevos estudios no son sets en el Valle de San Fernando, son granjas de servidores o, incluso, un PC gamer potente en el dormitorio de alguien.

El reporte destaca cómo la barrera de entrada para convertirse en “productor” ha desaparecido.

Híper-personalización a la carta

Pero el verdadero motor de esta revolución no es solo el ahorro para quien produce, sino el poder absoluto para el usuario.

The Economist advierte que hemos pasado de un modelo de consumo pasivo (buscar en un catálogo finito lo que más se acerque a tu gusto) a uno de generación activa.

Es la híper-personalización llevada al extremo. ¿Quieres una escena con una estética específica de anime de los 70, en una estación espacial, con protagonistas de características físicas exactas? La IA no juzga el prompt; lo ejecuta.

Esto representa una amenaza existencial para plataformas que florecieron en la última década, como OnlyFans

El modelo de la “gig economy” sexual se basa en la conexión parasocial con una persona real. Pero, ¿qué pasa cuando una influencer sintética generada por IA está disponible 24/7, responde chats al instante (impulsada por LLMs) y genera contenido a medida por una fracción del precio de una suscripción humana?

Simple: la competencia por la atención se vuelve feroz.

El “Viejo Oeste” digital y la pesadilla ética

Por supuesto, abrir esta caja de Pandora digital trae consigo una pesadilla regulatoria que The Economist no ignora. Si controlar la industria tradicional ya era complejo, la versión con IA es tierra de nadie.

El reporte alerta sobre la explosión de los deepfakes no consensuales (usar la cara de personas reales en situaciones explícitas sin su permiso), un problema que la legislación global apenas está empezando a entender, mucho menos a combatir.

Además, la capacidad de generar material ilegal a escala masiva plantea desafíos técnicos enormes para las plataformas que intentan moderar el contenido.

La industria para adultos siempre ha sido el “canario en la mina” de las nuevas tecnologías. Si lo que estamos viendo allí es un indicador, la velocidad con la que la IA puede reemplazar la labor humana creativa (y en este caso, física) es mucho más profunda y rápida de lo que muchos calcularon.


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