Hace años que el diseño de la gama alta se volvió un poco aburrido. La fórmula del “sándwich de vidrio y aluminio” es premium, sí, pero también es fría, atrae huellas como un imán y, a menudo, es increíblemente resbaladiza.
Motorola, una marca que tiene en su ADN histórico la experimentación con materiales (¿quién no recuerda los Moto X con acabados de bambú o cuero?), ha decidido que es hora de devolverle un poco de alma y textura a nuestros bolsillos en este 2026.
La compañía acaba de anunciar una edición especial de su buque insignia actual: el Motorola edge 60 pro “Pantone Walnut”.
Un toque orgánico en la era digital

Lo que Motorola presenta aquí no es simplemente un nuevo color. El acabado “Walnut” (nogal) busca emular la textura, la veta visual y, sobre todo, la calidez al tacto de la madera real.
Es una movida singular en una industria obsesionada con el futurismo brillante. La sensación no es la del frío cristal templado, sino una superficie mate, con agarre natural y una estética que se siente más cercana a un mueble de diseño o al interior de un auto de lujo que a un gadget tecnológico tradicional.
La curatoría de Pantone
Esta elección no es un capricho aleatorio. El tono y la textura nacen de la ya larga colaboración entre Motorola y Pantone.
El “Walnut” no es un marrón genérico; es un tono oscuro, profundo y elegante, seleccionado meticulosamente para transmitir sofisticación y atemporalidad.
Se alinea con las tendencias actuales de diseño e interiorismo que buscan reconectar con materiales naturales y colores tierra para contrarrestar la saturación digital.
Bestia por dentro, clásico por fuera

Es importante destacar que, bajo este chasis de aspecto clásico, el equipo sigue siendo un edge 60 pro con todas las de la ley. Mantiene el procesador más potente del momento, su sistema de cámaras avanzado y la carga ultrarrápida que caracteriza a la serie. No hay sacrificio de rendimiento por estética; es un deportivo de alto desempeño con el tablero tapizado en madera noble.
Esta edición “Pantone Walnut” es un recordatorio refrescante de que la innovación no solo pasa por los megapixeles o los nits de brillo, sino también por cómo nos hace sentir el objeto que tenemos en la mano durante horas todos los días.
