Decir “tengo un Walkman” en 2026 es una declaración de principios. Ya no se trata de casetes y lápices Bic, ni de CDs que saltan en la micro.
Hoy, un Walkman de la serie Signature es una pieza de ingeniería de precisión, un ladrillo de aluminio negro diseñado para una sola cosa: que la música suene mejor que nunca.
Hemos estado probando el Sony NW-WM1AM2 (los nombres de Sony siguen pareciendo contraseñas de WiFi), el hermano “económico” del inalcanzable modelo dorado.
Y la conclusión es clara: es un dispositivo de ensueño para tus oídos, pero a veces, una pesadilla de manejar. Veamos qué significa esto.
Construcción: un tanque de aluminio

Lo primero que notas al sacarlo de la caja es que esto no es un juguete. Con su chasis de aleación de aluminio, el equipo se siente premium, denso y “tranquilizadoramente” pesado.
No es un reproductor para llevar en el bolsillo de un short mientras corres; es para sentarse en un sillón, cerrar los ojos y disfrutar.
Hereda lo mejor de la vieja escuela: botones físicos laterales. En un mundo táctil, se agradece enormemente poder pausar, cambiar de canción o subir el volumen sin tener que encender la pantalla ni mirar el aparato.
Es ergonomía pura.
El sonido: ¿Vale la pena la inversión?

Aquí es donde el Walkman justifica su existencia. Si vienes de escuchar Spotify con audífonos Bluetooth genéricos, esto parece de otra dimensión.
La firma de sonido de Sony es famosa, y aquí brilla con fuerza. El WM1AM2 ofrece un perfil cálido pero increíblemente detallado.
No es ese sonido “oscuro” o fangoso donde los bajos se comen todo; aquí hay aire, separación y una escena sonora amplia.
- Graves: llenos, con cuerpo, pero bajo estricto control.
- Medios: ligeramente adelantados, lo que hace que las voces y guitarras acústicas tengan una textura casi palpable.
- Agudos: suaves pero chispeantes. No te perforan el tímpano, pero te dejan escuchar el aire en la grabación.

Muchos reseñistas coinciden en que este modelo entrega “más de la mitad del camino” en rendimiento sonoro comparado con su hermano mayor (el ZM2), que cuesta casi el triple.
Además, la magia del software de Sony está presente. El procesador Vinyl Processor o el DSEE Ultimate no son puro marketing; realmente añaden matices interesantes para “arreglar” grabaciones digitales comprimidas o darles un toque análogo.
El talón de Aquiles: Android y la fluidez

Pero no todo es color de rosa en el jardín de la audiofilia. Para permitir el streaming (Tidal, Apple Music, etc.), Sony montó este Walkman sobre Android 11.
Y aquí tenemos un problema de experiencia de usuario.
Estamos acostumbrados a teléfonos con procesadores ultrarrápidos y pantallas de 120Hz. Usar la interfaz del WM1AM2 se siente, siendo generosos, lento.
Hay lag al hacer scroll, las apps tardan un poco más en abrir de lo que uno quisiera y la experiencia general no es fluida.
Se siente un poco excesivo tener un sistema operativo completo gestionando algo que debería ser inmediato, y se nota que el hardware está optimizado para el audio, y no para mover Android.
Potencia y veredicto

Otro punto a considerar es la potencia. Si usas IEMs (In-Ear Monitors) de alta gama, este Walkman los moverá con soltura y un fondo negro silencioso (sin estática).
Pero si planeas conectarle audífonos over-ear gigantes y muy exigentes, se queda corto frente a competidores chinos (como FiiO o iBasso) que son verdaderas plantas nucleares de bolsillo.
En resumen, el Sony NW-WM1AM2 es un producto de nicho, y lo sabe. Es caro y su interfaz Android te recordará a un teléfono de gama media de hace cinco años (¿será la moda de los “dumb phone”?).
PERO, si ya tienes una buena biblioteca de archivos FLAC o DSD, unos buenos audífonos cableados y valoras esa firma de sonido “Sony”, orgánica y adictiva, este es probablemente el mejor reproductor que puedes comprar antes de entrar en precios ridículos.
Su batería de 40 horas es la guinda del pastel, recordándonos por qué a veces es mejor tener un dispositivo dedicado que gastar la batería del celular. No es para todos, pero para el que lo necesita, es una joya.
