En el tenis moderno, los partidos ya no solo se ganan con el drive o un buen revés. Al parecer, la organización del Open de Australia piensa que también se ganan con datos.
Por eso, lo que ocurrió este fin de semana en el Melbourne Park con Carlos Alcaraz no es solo una anécdota reglamentaria, sino un choque frontal entre la tradición de los Grand Slams y la vanguardia tecnológica.
Minutos antes de su duelo de octavos de final contra Tommy Paul, la jueza de silla Marija Cicak detuvo al español.
¿El motivo? Un pequeño dispositivo oculto bajo su muñequera derecha: la pulsera Whoop.
¿Cómo es la pulsera Whoop?
La escena fue tensa pero breve.
Alcaraz, con la naturalidad que lo caracteriza, se quitó la banda y la guardó en su raquetero.
“Son las reglas del torneo, no pasa nada”, dijo después.
Sin embargo, en las oficinas de Boston, el CEO de Whoop, Will Ahmed, no fue tan diplomático.
Su respuesta en X fue incendiaria: “¡Ridículo! Los datos no son esteroides”.
La frase de Ahmed toca una fibra sensible.
Whoop no es un smartwatch: no tiene pantalla, no da la hora y no recibe notificaciones.
Su única función es ser un sensor biométrico pasivo que mide la frecuencia cardíaca, la variabilidad del pulso (HRV) y la recuperación en tiempo real, además del estrés y el sueño.
Para los atletas de élite, es el equivalente a tener el panel de control de un Fórmula 1 en su propio cuerpo.
El vacío legal de los Grand Slams
Aquí es donde la burocracia del tenis se vuelve confusa. La ITF (Federación Internacional de Tenis) y la ATP aprueban el uso de Whoop en sus circuitos regulares.
De hecho, es común verla en las muñecas de medio tour.
Pero los Grand Slams son “territorio soberano” y se rigen por sus propias normas de la era analógica.
¿El argumento de la organización? Existe el temor de que el acceso a datos biométricos en vivo pueda ser usado para el coaching (entrenadores analizando el cansancio real del jugador para ajustar la táctica), algo que, aunque hoy está permitido de forma verbal, sigue bajo un microscopio de equidad deportiva.
El club de los “baneados”
Alcaraz no estuvo solo en este dilema tech. La número 1 del mundo, Aryna Sabalenka, y el campeón defensor, Jannik Sinner, también fueron interceptados por los oficiales de pista con el mismo accesorio.
Sinner, con su pragmatismo habitual, reconoció que le pidieron usar el chaleco con sensor GPS que provee el torneo, pero lo calificó de “incómodo y pesado” comparado con la ligereza de la banda.
