El día que una IBM 360 soñó el paraíso en México: la historia digital de Cancún

La historia secreta del increíble origen tecnológico del que hoy es considerado el destino turístico más famoso de México.

El día que una IBM 360 soñó el paraíso en México: la historia digital de Cancún
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A finales de la década de 1960, el Caribe mexicano no era el paraíso de spring breakers que conocemos hoy. Era una franja olvidada de selva, manglares y dunas de arena, habitada apenas por unos cuantos pescadores.

Según la leyenda local, la zona estaba infestada de serpientes. De ahí su nombre maya: Kaan-kun, “nido de serpientes”.

No había carreteras, ni electricidad, ni agua potable. No había nada. Excepto una cosa: un algoritmo ejecutándose en un sótano climatizado de la Ciudad de México.

Esta es la historia de cómo una computadora central -probablemente una IBM System/360, el estándar de oro de la informática bancaria de la época- no solo “eligió” Cancún, sino que, en términos prácticos, la inventó.

Primero, el problema: México necesita dólares

Corría el año 1968. Mientras el mundo miraba los Juegos Olímpicos y los movimientos estudiantiles, el Banco de México (Banxico) tenía un problema más pragmático.

El país se endeudaba rápidamente para industrializarse y necesitaba divisas extranjeras urgentes.

Un grupo de jóvenes economistas y tecnócratas, liderados por Antonio Enríquez Savignac y Pedro Dondé Escalante, propuso una solución radical. 

En lugar de exportar petróleo o manufacturas, exportarían sol. Pero no querían dejarlo al azar ni al crecimiento orgánico de pueblos coloniales como Acapulco o Puerto Vallarta. 

Querían diseñar un producto turístico “científicamente perfecto”.

Nacía así Infratur (hoy Fonatur), con una misión que sonaba a ciencia ficción: construir ciudades desde cero.

El “cerebro electrónico” entra en escena

Para encontrar el lugar perfecto, los funcionarios no agarraron un mapa y un dardo, sino que recurrieron a la tecnología más avanzada disponible. 

En los años 60, el Banco de México era una de las pocas instituciones en Latinoamérica con acceso a mainframes de gran potencia, máquinas que ocupaban habitaciones enteras, se alimentaban con tarjetas perforadas y cintas magnéticas, y tenían menos potencia de cálculo que el cargador de tu actual iPhone.

El equipo alimentó a la computadora con una cantidad masiva de variables. No buscaban belleza subjetiva; buscaban eficiencia econométrica.

Entre los inputs del algoritmo se encontraban:

  • Clima: número de días soleados al año, temperatura promedio del agua y riesgo de huracanes.
  • Geografía: calidad de la arena (debía ser blanca para no quemar los pies de los turistas), erosión de playas y ausencia de tiburones.
  • Logística: distancia de vuelo desde los principales centros de riqueza de EE.UU. (Nueva York y Miami). El algoritmo debía maximizar el tiempo en la playa y minimizar el tiempo en el aire para el turista estadounidense promedio.
  • Demografía: disponibilidad de mano de obra barata en la región (la península de Yucatán estaba económicamente deprimida, lo que era un “plus” para el modelo).

El veredicto del algoritmo

La computadora procesó los datos, cruzando estadísticas de la costa del Pacífico, el Golfo y el Caribe.

Cuenta la leyenda -y los archivos de Fonatur- que la máquina escupió varios candidatos ideales. Huatulco, Ixtapa, Los Cabos y Loreto aparecieron en la lista.

Pero el outlier estadístico, el punto que optimizaba casi todas las variables, era una isla barrera en forma de “7” en la costa de Quintana Roo.

Sobre el papel (o mejor dicho, sobre el reporte de impresora de matriz de puntos), Cancún era perfecto.

Pero en la realidad, era un infierno logístico: una duna separada de tierra firme por lagunas pantanosas.

Cuando los banqueros fueron a inspeccionar el sitio que la IBM había elegido, encontraron selva virgen y nubes de mosquitos tan densas que, según crónicas de la época, los técnicos tenían que trabajar cubiertos de pies a cabeza.

“¿Aquí dice la computadora?”, preguntaron incrédulos. La máquina decía que sí.

De la tarjeta perforada al concreto

Lo que siguió fue un despliegue de ingeniería brutal. Si el algoritmo decía que ahí debía ir una ciudad, la ciudad iría ahí.

  • 1970: se inician las obras. Se dragaron las lagunas para eliminar los criaderos de mosquitos y ensanchar la isla.
  • Infraestructura: se construyó un terraplén para conectar la isla con tierra firme (el actual Boulevard Kukulcán).
  • Zona Hotelera vs. Downtown: el plan maestro, dictado por la eficiencia, separó estrictamente la zona de ocio (la isla) de la zona habitacional para los trabajadores (Cancún Centro). Un diseño de segregación funcionalista puro.

El primer hotel abrió en 1974. El resto es historia.

El legado del silicio

Hoy, cuando aterrizas en el Aeropuerto Internacional de Cancún y ves la inmensidad de la zona hotelera, no estás viendo el resultado de siglos de asentamiento humano natural. Estás caminando dentro de una simulación de computadora de 1969 que se hizo realidad.

Es fascinante pensar que, en una era analógica, un mainframe IBM 360 fue capaz de predecir el deseo humano con tal precisión que transformó un nido de serpientes en el que sea acaso el destino turístico más visitado de América Latina.

Fue, quizás, el primer gran triunfo del Big Data aplicado al urbanismo, medio siglo antes de que el término siquiera existiera.


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