Pocas pantallas son capaces de dominar un escritorio como el Samsung Odyssey OLED G9 (G95SC). Sus 49 pulgadas y formato ultrapanorámico 32:9 producen una primera impresión difícil de ignorar.
Frente al usuario aparece una enorme superficie curva que prácticamente ocupa todo el campo de visión.
Samsung tomó el concepto de sus anteriores Odyssey G9 y añadió uno de los cambios más importantes de esta generación: un panel QD-OLED. El resultado es un monitor diseñado principalmente para videojuegos, donde la combinación de negros profundos, colores intensos y una respuesta extremadamente rápida consigue mostrar su mejor cara.
Su tamaño, sin embargo, también define sus principales compromisos. El G9 necesita espacio, un computador potente y un usuario dispuesto a acostumbrarse a trabajar y jugar en una pantalla que equivale prácticamente a tener dos monitores juntos.
Una pantalla de 49 pulgadas que cambia la forma de jugar

El Samsung Odyssey OLED G9 utiliza un panel de 49 pulgadas con resolución Dual QHD de 5.120 x 1.440 pixeles, relación de aspecto 32:9 y una curvatura 1800R.
En términos de espacio horizontal, la experiencia es similar a colocar dos monitores QHD de 27 pulgadas uno al lado del otro, pero sin el marco que normalmente separaría ambas pantallas.
La diferencia se hace especialmente evidente en videojuegos compatibles con relaciones ultrapanorámicas.
Títulos de carreras (Forza Horizon 5), simuladores de vuelo (Microsoft Flight Simulator) y aventuras de mundo abierto (Cyberpunk 2077 o Red Dead Redemption 2) pueden aprovechar la superficie adicional para mostrar mucha más información en los extremos de la imagen.
La sensación no es simplemente la de estar frente a una pantalla más grande: en determinados juegos, el escenario comienza a extenderse hacia la visión periférica.
Ahí es donde el formato 32:9 encuentra su mayor justificación.
QD-OLED, 240 Hz y 0,03 ms: su mejor argumento

La calidad de imagen es probablemente la principal fortaleza del Odyssey OLED G9.
Su tecnología QD-OLED permite obtener negros prácticamente perfectos y un contraste que resulta especialmente visible en juegos con escenarios oscuros, iluminación intensa o escenas HDR.
Samsung complementa el panel con una frecuencia máxima de 240 Hz y un tiempo de respuesta declarado de 0,03 milisegundos GtG.
La combinación funciona especialmente bien en escenas rápidas. Los movimientos se perciben fluidos y el panel OLED prácticamente elimina las estelas que pueden aparecer en otras tecnologías de pantalla.
También cuenta con AMD FreeSync Premium Pro y compatibilidad con tecnologías de frecuencia de actualización variable, ayudando a reducir cortes de imagen cuando la cantidad de cuadros por segundo fluctúa.
En juegos competitivos, como por ejemplo Warzone de Call of Duty, los 240 Hz son un argumento importante. Pero aprovecharlos plenamente a una resolución de 5.120 x 1.440 pixeles exige una tarjeta gráfica de gama alta, especialmente si se pretende mantener una calidad gráfica elevada.
Esto es importante: no basta con comprar el monitor. El resto del computador tiene que estar preparado para alimentarlo.
Una experiencia especialmente buena para juegos inmersivos
El mayor atractivo del Odyssey OLED G9 aparece cuando el videojuego está preparado para utilizar correctamente sus proporciones.
En un simulador de conducción, por ejemplo, la pantalla permite ampliar considerablemente la visión del habitáculo y observar elementos que normalmente quedarían fuera del encuadre.
Algo similar ocurre con simuladores de vuelo o juegos de mundo abierto. El espacio horizontal adicional entrega una sensación de escala difícil de reproducir en un monitor tradicional de 16:9.
No todos los títulos, sin embargo, aprovechan de igual manera el formato 32:9.
Algunos videojuegos presentan barras negras, interfaces mal posicionadas o escenas cinematográficas diseñadas para relaciones de aspecto más convencionales. Es una consideración importante: el potencial del G9 depende en cierta medida del soporte que entregue cada juego.
Para trabajar, el tamaño es una ventaja

Las 49 pulgadas también parecen ideales para productividad.
Y en muchos escenarios lo son.
Es posible tener un navegador, documentos, correo electrónico, herramientas de edición y otras aplicaciones distribuidas simultáneamente sin necesidad de utilizar dos monitores.
Para edición de video, por ejemplo, disponer de una línea de tiempo extremadamente larga resulta muy cómodo. Lo mismo ocurre al trabajar con grandes hojas de cálculo o múltiples ventanas.
Sin embargo, el QD-OLED tiene una limitación relacionada con la nitidez de los textos.
La disposición de los subpixeles utilizada por este tipo de panel puede generar un ligero borde de color alrededor de algunas letras, especialmente cuando se observan textos pequeños sobre fondos de alto contraste.
No resulta necesariamente problemático durante una sesión de juego, pero puede hacerse más evidente después de varias horas leyendo documentos, trabajando con código o utilizando aplicaciones de oficina.
El riesgo de burn-in también existe
Hay otro factor inherente a la tecnología OLED que debe considerarse: la posibilidad de retención permanente de imagen o burn-in después de una exposición prolongada a elementos estáticos.
Barras de herramientas, interfaces de programas, logotipos y otros elementos que permanecen durante muchas horas en la misma posición pueden representar un riesgo a largo plazo.
Samsung incorpora distintas medidas destinadas a proteger el panel, pero sigue siendo una característica que conviene considerar si el monitor va a utilizarse ocho o diez horas diarias con las mismas aplicaciones abiertas.
Para videojuegos y consumo multimedia el problema resulta menos determinante porque la imagen cambia constantemente.
Tizen convierte al monitor en una especie de Smart TV

El Odyssey OLED G9 también puede funcionar sin un computador.
Samsung incorporó Tizen, el mismo sistema operativo presente en sus televisores inteligentes, junto con un control remoto.
Desde la propia pantalla es posible acceder a aplicaciones de streaming y otros servicios compatibles sin encender el PC.
También integra Samsung Gaming Hub, desde donde es posible utilizar servicios de videojuegos en la nube compatibles.
La función puede ser útil para quien quiera utilizar el G9 como centro de entretenimiento además de monitor. Terminar de trabajar, tomar el control remoto y abrir directamente una plataforma de streaming resulta bastante cómodo.
Sin embargo, la integración también agrega menús y opciones propias de un Smart TV a un producto que muchos usuarios simplemente quieren conectar a un computador.
Es probablemente uno de sus elementos más divisivos: para algunos amplía enormemente las posibilidades del monitor; para otros añade una capa de software que rara vez utilizarán.
Diseño: enorme, pero sorprendentemente estilizado
Para sus dimensiones, Samsung consiguió mantener un diseño relativamente elegante.
La zona posterior utiliza un acabado metálico plateado y en el centro aparece el sistema de iluminación Core Lighting+, capaz de acompañar con luces ambientales los colores reproducidos en pantalla.
La curvatura 1800R es menos agresiva que la utilizada por algunos monitores ultrapanorámicos anteriores de Samsung y funciona bien a una distancia adecuada.
El problema es precisamente encontrar esa distancia.
Con casi 1,2 metros de ancho, el Odyssey OLED G9 requiere un escritorio grande y con suficiente profundidad. Colocarlo demasiado cerca obliga a mover constantemente la cabeza para revisar los extremos de la pantalla.
Antes de comprarlo conviene medir el escritorio. No es un detalle menor.
Samsung Odyssey OLED G9: ¿vale la pena?

El Samsung Odyssey OLED G9 G95SC no es un monitor para todos.
Para tareas de oficina existen opciones más prácticas, pequeñas y económicas. También hay pantallas más adecuadas para quienes pasan gran parte de la jornada leyendo texto o trabajando con elementos estáticos.
Pero ese tampoco parece ser su objetivo.
Su verdadera fortaleza aparece cuando se combina un PC potente con un videojuego capaz de aprovechar el formato 32:9. En esas condiciones, las 49 pulgadas, el panel QD-OLED, los 240 Hz y la resolución de 5.120 x 1.440 pixeles construyen una experiencia visual difícil de conseguir con un monitor convencional.
El compromiso es evidente: necesita mucho espacio, hardware potente y cierta tolerancia a las particularidades del OLED.
A cambio, entrega algo que pocos monitores consiguen: hacer que la pantalla deje de sentirse como una ventana frente al jugador y comience a ocupar buena parte de su campo de visión.
